sábado, 11 de febrero de 2017

No soy


NO SOY

No soy
el magnate que paga tus cuentas y compra con dinero hasta el menor de tus caprichos;
no soy
el romántico enamorado que estrella poemas y canciones contra el cristal de tu ventana:
no soy
el hombrecito lleno de detalles que hace una fiesta para celebrar el aniversario de tu primera gripa;
no soy
la bestia sexual que te hace arder el cuerpo y el alma cada vez que buscamos el fin;
no soy
el Apolo de universidad que destroza virginidades con solo sonreir de la manera adecuada.

Yo no soy
el bufón, bufonador con el que animas jaranas familiares y otras no tan santas;
yo no soy
el guitarrista incondicional que acompaña tus baladas, tus rancheras y tus gritos caribeños;
no soy ese
que se las sabe todas, pedante, sicofante de yermo corazón y gran cabeza;
no soy, no
el gourmet, velador romanticoide de cenas claudicantes, catador de extravíos y pompa inútil;
no soy, no
el superhéroe, ese que te rescata de los mil y más problemas de telenovela que te enredan.

No,
no soy,
no soy ese....
Yo soy
simplemente
ese.......el que siempre está ahí
            el que se alegra cuando te ve
            el que te ama.

                     (Tomado de “Ironías” de Fermín Hood. Manizales, 2004)





viernes, 10 de febrero de 2017

Incendio

INCENDIO 
Las llamas sin control
consumieron varias casas,
consumieron todos los papeles,
consumieron a algunos hombres
y a algunas mujeres.
También consumieron cosas de valor.

Pasó el tiempo.... y los bomberos.

Hoy,
hay nuevas casas,
hay otros papeles,
hay otros hombres
y otras mujeres
y algunas cosas de valor.

Ah, el olvido sigue siendo el mismo.
se mece sobre la hamaca del tiempo
y sigue escupiendo
burbujas de naftalina
sobre los escombros
de la memoria.


                                                                                                       Fermín Hood  (Atrapando pueblo)



viernes, 3 de febrero de 2017

Apretadagenda (Fermín Hood)


APRETADAGENDA

¡El despertador!
Fanfarria.
(Se recomienda Wagner)

Comienza la batalla diaria
por el pan nuestro de todos los días.

Primero es el peligro de las calles desoladas;
después el frío de la mañana glacial;
luego el paradero donde toda esperanza
se resume en unas latas
con ruedas llamadas bus.

Colgado de una puerta,
clavado al piso por un tacón puntilla
de señorita bonita y sonrisa de desayuno
y aliento de desayuno
y rezagos de noche sin agua
y ropa sin planchar
y sexo sin lavar.

Arribo a oficina o taller.
Sentarse, pararse en el mismo lugar
de todos los días;
el mismo gesto mecánico
de quitarse el saco, aflojar la corbata
y enfundarse el overol.
El mismo mandamás prepotente
que lastima la puerta al tirarla
detrás de nuestra sonrisa;
su mismo rostro inexpresivo
su voz gritona apabullándonos;
ver como las manos se nos llenan de grasa,
ampollas, mierda, poesía en potencia,
mientras el reloj tic tac hacia el mediodía.

El mismo almuerzo de siempre
en la mesa de siempre
celebrando un chiste nuevo
con la sonrisa de siempre.
Caminar para aflojar las tripas
recorrer calles y almacenes
con pasos pesados

Y otra vez;
revisar los papeles importantes
con los que me limpiaría el trasero
o soportar el infernal ruido
de máquinas a tope.
Y esperar la hora de salida,
y lavar las manos cansadas
engrasadas
e imprecisas
y dejarlo todo
para el nuevo día
que si mal no estoy
es el inicio del futuro.
Recoger los cuadernos
para ir a estudiar
para progresar.
Dejar máquinas, grasa,
rostros agrios,
overol,
las penas en el archivador,
o saltando sobre las teclas
de la computadora.
En el colegio o la universidad
el mismo pupitre
con corazones dibujados con navajas
que merecen mejor uso.
Los mismos compañeros aburridos,
Los mismos maestros que bostezan
entre premisas y silogismos;
la misma tristeza,
la misma esperanza ciega,
las mismas ganas de ser libre.

¡Eso es la vida diaria!
¿Qué será la muerte diaria?

(Marcha fúnebre)

                                                                  Fermín Hood – Bogotá 2008


 




jueves, 2 de febrero de 2017

Hijos de la tierra



HIJOS DE LA TIERRA
No tenían nada, ni nada
Tenían que hacerlo todo.
Sembrar y hacer brotar la frase amable
la de cariño, la arrullante;
tenían que regar con esmero
la mirada de indulgencia
y la mirada del amor…
Construyeron palacios de cartón
con techos en lata
pintados de azul y amarillo.
Del caos ruidoso de la gran ciudad
hicieron la más bella melodía
y crecieron a su compás.
El desastroso color de su piel
fue el más fino maquillaje,
Su olor, fue perfume;
sus pedos, bombardinos
sus carros, fórmula uno
sus sonrisas anuncios
su miseria, estandarte…

Pero
su muerte
…siguió siendo olvido.

                                                                                            Fermín Hood - 2004