SIMON, EL ESTILISTA
En tu cabello
suave, como la piel del viento y brillante como los ojos del sol.....aprendí a
tejer mantillas de esperanza.
Luego tuve que
regalarlas en las peluquerías, por unos pocos pesos, para poder comer, para
sobrevivir.
Con tu cabello
suave y brillante, también pude fabricar pelucas de ensueño, que vendía a la
salida de hoteles y teatros para no llegarte con las manos vacías a soportar
tus enojos.
Ahora se me ocurre
arrancarte el vello del pubis para hacer collages exóticos acompañados de
símiles, metáforas y todas esas alquimias trasnochadas que invaden mi mesa de
trabajo cuando tu inmóvil desnudez es incapaz de fecundar un poema.
