lunes, 21 de septiembre de 2026

"Uxoricida" en "Ironías breves" de Fernando Arias Alvarez

 


UXORICIDA

 ¡Cerca,....qué cerca estás!

Pero cerca, cerquita en mis labios (los tontos no se querían abrir para retener el sabor de tus besos)

Estás cerca, en mi cuerpo (Pobre cuerpo mío, aún retiene el calor de tu cuerpo adormilado y mal cubierto como dice una balada de moda ahora que está de moda hacer baladas atrevidas)

Estás cerca, en las caricias mañaneras, en lenguaje de las manos y los ojos, en las bocas y  en las palabras cargadas de promesas que jamás se cumplen. (Mis oídos aún retienen el eco de esas palabras que se dijeron con la seguridad de que no eran ciertas, pero eran tan bonitas y tan llenas de encanto que fue un placer escucharlas y decirlas)

Estás cerca, en mi alma que reclama tu presencia (Después de todo es el alma la que se alegra y sufre. El cuerpo resiste todo, hasta la ausencia)

Estás cerca, en el amor que empezó a florecer como una primavera y a morirse en la misma primavera y el cual se trasformó en un recuerdo apenas bello. (De recuerdos bellos se alimentan muchas memorias, muchas almas simples, muchos cuerpos sensibles que nunca se preocuparon por hacer conciente su sensibilidad y la vienen a descubrirla la final de muchas bregas impermeabilizantes e inmunizantes.)

Estás cerca en la esperanza de un nuevo encuentro, de una nueva batalla de besos y caricias, de palabras que nos hagan imprescindibles. (Qué lejos va la esperanza. La esperanza y la imaginación sin ilimitadas)

Estás cerca en todo, en mis oídos, en todos los sentidos. En mi alma, en el beso, en la esperanza, en mi cuerpo..

Estás cerca en todo…menos en la realidad.

Para sellar esta exasperante cercanía pondré un manojo de flores sobre tu tumba, arrojaré el puñal al mar, me entregaré a las autoridades, y te juro…No escribiré tu nombre en las paredes de mi celda.

"Psicopatía" en "Ironías breves" de Fernando Arias Alvarez

 


PSICOPATIA

 

Despertó.

Antes de levantarse pasó sus manos sobre la cálida sábana. Su mano derecha se detuvo al tocar el cuerpo desnudo de su esposa. Sonrió.

Se sentía pleno. Feliz. Ella, su esposa, era la mejor del mundo. Era la mujer más hermosa que se podía imaginar, además era muy rica. Llevó la mano hasta el pecho de ella y pensó que esos senos altivos eran una bendición de la naturaleza. Pero al quitar la mano, aprestándose a salir de la cama notó con horror que estaba manchada de sangre.

Quitó los mantas y se dio cuenta que del costado de su mujer, de una inmensa herida brotaba aún la sangre.

Cerró los ojos, tal vez soñaba. Los fue abriendo muy despacio.

No era un sueño…Ahí estaba la mujer….muerta. Recordó entonces que ella no era su esposa, que él no tenía esposa.

A esa mujer, no la conocía.....

Entonces todo se aclaró. Ese era el precio que cobraba por su soledad.

Se afeitó, se bañó, se vistió, recogió el puñal y lo limpió con la sábana, dejo cuatro billetes de cinco mil pesos en la mesa de noche y ya para salir, se miró al espejo y frente a frente volvió a prometer no volver a sacar a pasear sus frustraciones.