Es mejor que no lo sepas…
FERNANDO
ARIAS ALVAREZ
Es mejor que no lo sepas…
Quiero creer que estoy volviendo con mi mejor y mi peor historia
Inicio
-
“Es
mejor que no lo sepas.....”
Me
dio la espalda y se marchó.
Esas
seis palabras y esa imagen me persiguen, puedo asegurarlo, pues se han repetido
tantas veces a lo largo de mi ya inefable historia afectiva y las ganas de profundizar en ellas han ido
creciendo de forma desmesurada.
Mi
nombre es Bernardo Lerner, trotamundos, fundador, director y actor del grupo de
teatro “Heaven´s door”” especializado en montar piezas religiosas para la
comunidad como un medio de conseguir recursos para poder hacer “la obra” que
todo artista sueña con producir.
Siempre
quise tener una familia en el sentido
cabal del término, pero no me explico por qué secreta razón la vida nunca me ha
permitido enamorarme de una mujer “normal”, nunca puse mis ojos ni mi corazón
en una mujer corriente, de esas que
estudian, trabajan, de esas que se casan, tienen hijos, aman o desaman pero que
no están tocadas por ese halo de dificultad.
Una
y otra vez he puesto mis pasos en el camino de esos amores difíciles,
complicados, de locuras variadas.
A
pesar de la temática tratada en mi oficio, siempre me ha interesado lo chueco,
lo prohibido......lo difícil y esta es la respuesta a mi constante soledad. Por eso nunca me casé, por eso nunca fui
diferente a lo que siempre he sido....
Debo
reconocer una dosis moderada de misantropía, eso sí, justificada por la
experiencia propia de vivir en una ciudad en proceso de deshumanización y en
compañía de una gran cantidad de seres que pasan y pasan pugnando en ser los
primeros en todo, menos para morirse.
Como
una constante en la elección de mis intereses románticos, algunos días
después de conocer a una mujer y
pretenderla......en algún momento se paran frente a mí y mirándome a los ojos
me dicen:
-
“Es
mejor que no lo sepas”
y
algunas veces agregan que me aleje......que pueden hacerme daño.
No saben que estas frases constituyen un reto para mí y que hago caso omiso de esas ominosas advertencias y me lanzo de cabeza a desentramar el origen de esas palabras.......y de verdad termino lastimado más que por ellas por lo que hago en mí intentando desentrañar presuntos enigmas
Encuentro
La
conocí una tarde de octubre del año 2006.
Yo
acababa de descubrir que la mujer a la que amé más que a nada en el mundo se
acostaba con otros galanes a instancias de mi candor y mi lealtad y también de
mis precarios recursos económicos que no dudaba en poner a su disposición.
Me
lo habían advertido y yo, ciego de ojos y de alma me negaba a admitirlo hasta
que llegó el momento de la evidencia y
fue como la “gran bofetada al gran estúpido de la tierra.
No
soy hombre de hacer escenas grotescas, ni de armar alborotos.
Yo
simplemente me deshago y esa vez, como otras tantas, no me dio por la bebida o
por la intensidad de la vida nocturna de Bogotá....
Mas
bien me dio por pasear mis penas por las calles de una ciudad que no amo y creo
que nunca llegaré a amar.
Largos
trechos deambulando por las aceras y fumando repetidos cigarrillos de
tristeza......
Una
tarde de octubre, mis pasos me condujeron hasta el centro de la ciudad como
buscando desandar el camino, como intentando recuperar instantes en los que el
sueño de ser un artista se pavoneaba por esos sitios con la intensidad de una
juventud abaratada por los excesos y acompañada por la plena libertad en la
conciencia.
Tomé
la carrera séptima, un espacio tantas veces recorrido en tardes y noches en las
que una canción acompasaba mis pasos y la mano de una “compañera” me indicaba
que había mañana así fuera tan solo para los dos.
La
llovizna eterna de Bogotá empezó a hacerse lluvia ligera y entonces la vi.
Era
un bultito parado frente a la Cinemateca Distrital. Sin duda era alguien que hacía fila para
entrar. Crucé la calle y miré los anuncios.
Empezaba
un ciclo de cine del Medio Oriente y esa noche proyectaban una película de la
cual ya no me acuerdo. Me paré detrás de ella más que por la intención de
entrar a la función porque la lluvia
arreció y sentí frío.
La
chica de la taquilla como compadeciéndose de los escasos espectadores, levantó
una tabla que cerraba la taquilla y se dispuso a vender las boletas. Justo en
el momento en que ella sacaba el dinero para comprar su boleta.....su paraguas
cayó sobre mi rodilla y yo fingí un golpe enorme......que alcanzó a
desconcertarla.
-
“Disculpe,
señor”,
me
dijo apenada y fue entonces cuando pude sentir esa mirada, cuando vi esos ojos,
los ojos de Mariana, la actriz de la antigua Yugoeslavia, recordándome la
promesa de estar siempre vigilándome......esa mirada que siempre me persigue y
ha hecho estragos en mi alma.
Me
senté tres filas detrás de ella en un ángulo que me permitía mirarla a mis
anchas....
Hubo
algo más de una veintena de espectadores......que se miraban sin ganas, apenas
como comprobando que las soledades
concurren a las salas de cine y se disimulan bajo el pretexto de un presunto
interés intelectual.
Cuando
apagaron la luz no pude concentrarme en la película y si en la extraña quietud
de esa mujer que con solo mirarme había distraído toda mi angustia.
Finalizada
la película me quedé unos instantes para
mirar los créditos y ella se paró y pasó frente a mí. No había duda. Había
acabado de damnificarme para toda la eternidad.
Yo
salí tras ella discretamente tratando de adivinar sus rumbos,.......bueno todo
lo que un Casanovita de barrio popular ausculta en una de sus posibles
víctimas.
Al
otro día como movido por un presentimiento me dirigí derecho a la Cinemateca y
durante varios minutos pensé en la posibilidad de “ese” encuentro porque era
una manera de distraer el sentimiento de decepción que me embargaba.
Y
si, esa noche ahí estaba yo....... y ahí
estaba ella. Al verla saludé y ella contestó con una fría sonrisa y se repitió
la misma escena de la sala solo que yo me senté justo detrás de ella y los
solitarios éramos casi cincuenta. Esta vez mucho menos puse atención a la
película, aunque una de las actrices se parecía increíblemente a la mujer que
acababa de romperme el corazón y me tenía huyendo por la ciudad.
Ocurrió
toda la semana excepto el día viernes......Ya para entonces mi botín de guerra
era una sonrisa menos gélida y un
continuo girar de su cabeza.
Terminó
el ciclo con una película iraní.......y no volví a verla en muchos días.
Después del olvido
Hasta
me había olvidado de ella y la aranosa ausencia de la “ex”, la resaca del amor
había recuperado su lugar en mis pensamientos haciéndome un completo pensador
ambulante.
Durante
esa temporada me caminé Bogotá como nadie la había hecho antes.... Buscaba no sé qué, caminaba,
mejor, erraba por las calles y los pasos
repetidos siempre terminaban en las Bibliotecas, en las que los libros
empezaron a parecerme enemigos pues
apenas los hojeaba y en las librerías donde por asunto de costos en verdad
estaban muy alejados de mi alcance.
Me
gustan las librerías, trabajé en una de ellas durante algunos años y puedo
asegurar que es el único empleo decente que he tenido (como me gusta hablar del
inmenso embrujo de una librería) y es como el rapto de las Sabinas solo que yo
soy incapaz de robar....
Muchas
veces transcribí libros completos de las librerías bogotanas y conservo esos cuadernos como el más hermoso
tesoro porque hablan mucho de lo que me tomo en serio el trabajo de los
escritores que amo y admiro.
Había
olvidado por completo a la “Mariana” de la Cinemateca.
En
una de esas tardes mis pasos me condujeron hasta los estantes de una librería,
la librería Panamericana de la carrera 13 que es......una librería comercial,
de esas en las que no hay alma y que de vez en cuando sorprende a los
bibliófilos con una joya perdida
Encontré
una Antología de poemas de Miguel Hernández entre un montón de libros en oferta
y como el ejemplar no tenía precio me acerqué y le pregunté a una mujer que
estaba cerca:
- Disculpe
señorita....¿qué precio tiene este libro?
La
mujer giró muy despacio, como contrariada y me dijo....
- Yo
no trabajo aquí....
Y
otra vez esos ojos...
- Disculpe
...,
musité entre avergonzado y sorprendido.
- No
se preocupe.....suele pasar....
Ya
me alejaba de ella cuando la escuche..
- “Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente, hoy no tengo amistad.... hoy solo tengo ganas
de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato.....
Algo
se quemó dentro de mí y la miré a los ojos.... En ese instante reconocí a la
cinéfila.
- Es hermoso...,
dije sin escatimar en la sorpresa.
- Es Miguel Hernández, buen
libro...... y puso un libro que tenía en las manos
entre el montón.
La
vanidad de intelectualoide de la Escuela de Actores y una intrepidez que no
conocía me llevaron a recitarle:
- “Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre tiemblan y quisieran retirarse a virginidades ciegas, al
origen solitario del pasado sin herencias...
Y
ella me acompaño en los dos versos finales....
- “alarga
la llama el odio y el amor cierra las puertas”
Nos
quedamos en silencio mirándonos a los ojos......como si en ese instante
reconociéramos una magia interior que nos era común...
Dejé
el libro sobre el montón y sin dejar de mirarla y haciendo acopio de un valor
desconocido por mi precaria vida de conquistador le dije:
- ¿Tomamos un café?
Ella
miró el reloj y me contestó casi con dulzura
- Bueno, pero no me puedo demorar....
Salimos
de la librería y nos sentamos en una de esas cafeterías muy abundantes en el
sector en las que pretenden vender el verdadero café colombiano, pero es solo
un tinto caro en buena compañía...
- Me llamo Bernardo........le
dije extendiendo mi mano en un gesto en el que habitaba una hermosa esperanza.
Ella aceptó mi mano, sonrió pero no me
dijo su nombre...
- Perdón, no me ha dicho su nombre.
Respondió lo que menos yo esperaba:
- Es mejor que no lo sepas...
“Es mejor que no sepas.....” otra vez esa horrible sentencia....
No
entendía. Pero si apenas es un nombre. Podía haberme dicho Sandra, Mónica, Esperanza,
Ramona, Rebeca, Frida Kahlo, en fin, otro nombre que acabara de inventar, pero no...tenía que ser eso....
“Es mejor que no lo sepas”
Recordé
algo leído en el Libro de las Evidencias de Saramago que tuve ante mis ojos
días antes: “Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que
tienes” y desde ese día fue “Mariana”...para mí, Mariana.....en homenaje, en recuerdo
de....Mariana, la imprevisible gitana que volvió añicos mi alma.
Hablamos
de Miguel Hernández como si fuera el más entrañable de los amigos y quedó claro
que la poesía sirve para que por lo menos dos personas se encuentren.
Nos
despedimos y sin alterar esa costumbre de hablar, hablar.....no concretamos
otra cita, nada....Pero yo siempre tengo la certeza de que el encuentro volverá
a pasar.
Nos
volvimos a encontrar...esta vez en el Museo del Banco de la República. Y esta vez hablamos de nuestras aficiones
literarias y yo le confesé que me gustaba escribir. Que no me consideraba
escritor porque no tenía la disciplina que se requiere, la rigurosidad para
enfrentarme a las palabras como una profesión pero que sin embargo no podía
escapar del embrujo que produce sentarse....sentarse a tejer palabras para el
olvido.
Ella
no escribía... No le llamaba la atención escribir, aunque confesó que cuando
era chica se había ganado la vida haciendo cartas: “Se ha escrito tanto y hay artistas que lo hacen tan bien que
considero un desperdicio sentarme a componer un texto que otro puede hacer
mejor. En cambio, disfruto de la lectura. Pero no soy de esas lectoras de
academia, de sistema...Mi única pretensión es la de escuchar la voz del autor
como si fuera la voz de un amante susurrándome al oído una historia en hermosas
palabras....Eso es lo que en verdad disfruto Solo literatura latinoamericana
porque no me gusta más que el español y no me gustan las traducciones...salvo
alguna excepción de escritores grandes que logran equiparar el genio del
original.
Hablamos
de muchas cosas y le hice saber lo bien que me sentía en su compañía y hasta me
arriesgué a un par de galanterías que en otros tiempos pasaron desapercibidos.
- No
sé qué me pasa contigo, Bernardo. Dices cosas
que me dejan helada. No puedo explicarlo. Hay mucha ternura en ti y eso me hace
sentir…. confortable, pero me da miedo. Me recuerdas a mi padre.
También
quedé helado. Saber que hay ternura en mí era una verdadera novedad.
- Dame
un número de teléfono, algo para comunicarme contigo,
volví a insistir.
- No
tengo celular, no tengo teléfono...
El
gesto que hice debió procurarle algún remordimiento...así que se volvió y me
dijo
- Hagamos
una cosa Bernardo,..... dame tu número y yo me encargo de que nos comuniquemos.
No pude negarme.
Las rarezas
Un
día estábamos en una frutería conversando y la televisión estaba puesta en la
trasmisión de un partido de fútbol. De repente interrumpieron la transmisión
para dar una noticia de última hora.
Lo
de siempre...una de las tantas jornadas de violencia en el país que de tanto
repetirse la gente se acostumbra a ellas. Yo miraba la televisión y la miraba a
ella. Ella estaba de espaldas al receptor.....
Volvieron
a pasar el partido y ella se puso en píe.
- Tengo que irme
- ¿Qué pasa? Fue algo que dije
Me
puso las manos en mi rostro y con inusual ternura me dijo:
- No, nada de eso Bernardo...Es que
tengo que irme. Discúlpame. Hablamos otro día.
Y
salió con prisa. Pagué la cuenta y decidí seguirla. El hombre celoso que me
habita imaginó lo peor.
En
la esquina, en una cabina telefónica estaba ella. Se la veía preocupada...Hizo
tres o cuatro llamadas y salió de la cabina algo más tranquila...Se devolvió
hasta la frutería y miró hacia adentro. Entonces siguió su camino....Yo la
seguía
¿Las
decisiones nos toman a nosotros?
Las
personas normales toman decisiones, no son tomadas por ellas.
¿Por
qué? Sería el influjo de una secreta e incómoda esperanza que se niega a
desaparecer...Tal vez sea eso, pues una vez se llega a la claridad de lo que se
siente, una vez desaparece el lastre de los tiempos pasados, una vez se
entiende que el amor ya no existe...solo una inexplicable secreta esperanza nos
atenaza al presente, nos aferra a una realidad de la que queremos huir...
Tomó
un colectivo y yo paré un taxi y venciendo todas mis inhibiciones y todo mi
orgullo le dije al taxista:
- ¡Siga
ese colectivo!
El
tipo, entre curioso y muy divertido lo hizo lo mejor que pudo.....
En
el barrio la Estrada....La vi entrar en ese local…
2
La historia
Ana
Victoria Quintero se educó en un internado de monjas europeas que tenían un
colegio localizado en la zona rural de Manizales.
Educación
que era complementada por el amor y el consejo de su padre don Roberto
Quintero, respetado cafetero de la región, dirigente político del Partido
Conservador y hombre pio y chapado a la antigua.
Sus
adversarios políticos se burlaban de su carencia de títulos académicos y demeritaban con saña sus opiniones.
Lo
que no sabían era que don Roberto era un disciplinado autodidacta que adquirió
por su propia cuenta una cultura envidiable y muy reconocida en el ámbito local por sus copartidarios y
amigos cercanos y por sus enemigos que no escatimaban la oportunidad de
censurarle sus lecturas poco ortodoxas.
La
madre de Ana Victoria, doña Pilar Restrepo de Quintero, murió de una extraña
enfermedad que le aquejó toda la vida.
Roberto,
al quedar viudo reclamó la presencia de sus hijos y la única que respondió fue
Ana Victoria la menor de cuatro hermanos.
Los
otros hermanos renegaron de la familia y el país y se fueron a vivir a “algún lugar
del primer mundo donde podamos progresar”
Roberto,
bastante deprimido y consternado por la actitud de sus vástagos varones en los
que había puesto todas sus esperanzas, se refugió en una finca de su propiedad
en Manzanares en las laderas del cerro de Monserrate. Desatendió mucho sus
negocios, por lo tanto, Ana Victoria al no haber nadie más que lo hiciera, tuvo
que encargarse de los mismos.
Fue
allí donde volvió a encontrarse con el Coronel Fabián López al que conoció de
niña. El coronel era el hijo mayor de los dueños de una hacienda vecina y
rivales en los negocios y en los amores de su padre.
El
padre del coronel López, don Ruperto López siempre vivió enamorado de doña Pilar y
descaradamente lo hacía saber a todo el que se cruzaba por su camino sin
importarle los sentimientos de su propia esposa y mucho menos los de los demás.
Doña Pilar, incómoda, siempre prefirió la tranquilidad de Roberto quien además
de ser un hombre muy atractivo para las mujeres transmitía la seguridad de un
“alma limpia” que resistía las ojeadas de cualquier abuela desconfiada.
Don
Ruperto no asimiló bien la negativa de doña Pilar y ese desprecio tan marcado,
entre otras cosas, fue el motivo de rencores, envidias y no pocas agresiones
que fueron creciendo por años de parte de la familia López contra la familia
Quintero.
La
familia López, muy conocida en la región por sus actividades políticas y por no
pocos escándalos de corrupción que llegaron a conocerse hasta
internacionalmente era una amenaza real, que no debía desestimarse.
Estaba
comprobado que ellos ensanchaban ilegalmente los linderos de su propiedad hasta
apoderarse de importantes hectáreas de terreno y nadie les chistaba nada pues
eran muy conocidos sus nexos con gente violenta. En las temporadas de cosecha,
prometían pagar sumas altas a los recogedores de café para impedir ese trabajo
en las fincas vecinas y se les acusaba de sabotear los vehículos que
transportaban el café hasta Manizales o Ibagué.
Afirman
muchos de los vecinos que adquirieron plagas y las plantaban subrepticiamente
en los cultivos de la familia Quintero.
También
era muy conocido el hecho de que el coronel Fabián López se formó en la
Academia Militar de West Point y presumía de ello y que lo mismo que su padre,
desde muy niño estuvo enamorado de Ana
Victoria...y lo pregonaba a los cuatro vientos.
-
“Esa
cosita es mía pase lo que tenga que pasar”
La
asediaba todo el tiempo, pero siempre se encontró con la férrea oposición de
don Roberto quien no iba a permitir que su tesoro se quedara en manos de sus
enemigos.
Roberto
era un severo guardián de su hija y no dejaba arrimar a nadie.
Pero
Fabián López no iba a quedarse con los brazos cruzados, así que utilizando
todos los recursos disponibles y atemorizando y chantajeando a sus subordinados
decidió quitarse de encima la molesta presencia de don Roberto y lo hizo asesinar por ellos, simulando una
incursión subversiva en la finca de los Quintero.
Todo
le habría salido a pedir de boca de no ser por el hecho de que Ana Victoria
escondida tras una tapia escuchó al líder de los supuestos facinerosos reportar
el crimen.
-
“Mi Coronel López, está hecho”
La
justicia no atendió las denuncias de Ana Victoria y los medios de comunicación
regionales, ante muchas evidencias que
comprometían al coronel, descartaron la incursión de un grupo armado y
terminaron por aseverar que el asesinato de Roberto Quintero fue por motivos pasionales realizado
por una banda de sicarios contratados por un marido enojado.
Ana
Victoria intentó comunicarse con sus hermanos, pero sus respuestas la dejaron
helada así que contra todos los pronósticos ella se encargaría de hacer
justicia.
Encontró
apoyo en Lorena Londoño, una de sus mejores amigas y maestra de escuela quien
fue agredida sexualmente por Vladimiro
Flechas, el mejor amigo del Coronel López y compañero de armas.
A
pesar de haberse comprobado el delito, la impunidad que rodeaba a la familia
López amparaba también a sus socios y compinches. Amigos y relacionados, se
burlaban entre ellos.
Lorena
y Ana Victoria viajaron a Bogotá e hicieron gestiones infructuosas para
denunciar los atropellos de los militares, pero a pesar de ello, el coronel al
saber quién estaba detrás de su cabeza se contactó con Vladimiro quien ordenó a dos de sus hombres que se encargaran
de Lorena…pero “ a la otra no me la
toquen. Esa cosita es de Fabián”.
Lorena
Londoño fue arrestada bajó el cargo de terrorismo y ultimada de dos disparos
aduciendo que había resistido al arresto. En su mano pusieron una pequeña pistola con la que supuestamente
agredió a los uniformados. Ana Victoria estaba segura de que había sido una
ejecución y que ahora iban por ella.
Al
quedar sola, con mucho valor soportó el asedio implacable de su verdugo, quien,
al no obtener resultados, le tendió un cerco militar hasta llegar a incendiarle la finca creyendo que con
esto la muchacha iba a ceder.
Ana
Victoria huérfana y despreciada por sus familiares despojada de lo poco que le
quedaba no tuvo más remedio que pedir refugio con las monjitas de Manizales.
Ellas,
a regañadientes, aceptaron que Ana Victoria se quedara escondida “por unos
días” más que por convencimiento, por una culpable gratitud por el hecho de que
el terreno donde construyeron el claustro fue donado por don Roberto Quintero.
Las
monjas la dejaron quedar comprometiéndola a que ayudara a diligenciar la
correspondencia con los padres de familia. Por esos días le gustaba mucho
escribir y desde muy niña escribía fervorosas cartas a sus padres desde el
internado.
También
escribía esquelas y cartas amorosas que le pedían sus compañeras de curso para
ensoñar a los muchachos, pero ella nunca hizo eso para un hombre porque antes de volverse mujer el
coronel estuvo acechándola y le temía.
Alguna vez sintió atracción por un tal Felipe, un muchacho de Pensilvania que hacía labores de albañilería para las monjas del colegio. No duró mucho pues pronto corrió el rumor de que el muchacho era invertido.
El chantaje
Fingiendo
hacer un patrullaje rutinario por la zona, el coronel López aparece en la puerta del convento y pide
hablar con la Madre Superiora.
Muy
pronto la mujer acude al llamado y se encuentra con la sorpresa de ser
entrevistada nada más ni nada menos que por Fabiancito el hijo del hombre más
poderoso de la comarca.
La
monja muy amable lo hace seguir hasta una salita muy austera pero bastante
cómoda que hay a un lado de la puerta.
- Bienvenido Fabián, ¿qué lo trae por
acá?,
pregunta la monja en un tono que tiene algo de reproche.
- ¡Madre!....Hace un par de meses
aparecieron por aquí ciertos personajes heridos y me enteré que ustedes los
acogieron y atendieron como buenas cristianas que son...pero usted debe saber
que eso es un delito grave que atenta contra la seguridad de la nación...Es una
especie de traición a la patria....y bueno, yo puedo pasar por alto este acontecimiento
a cambio de un favorcito......
La
monja desvía la mirada con mucho nerviosismo. Sabe muy bien con quien está
tratando. Las palabras le salen forzadas:
- Esto es un chantaje, me lo
imaginaba viniendo…. de ti..
Fabián
junta las manos a la altura de la barbilla:
-
Madre, por favor.....¡qué mala idea tiene
de los amigos!......Es un simple favor que no va a comprometer para nada el
nombre suyo ni el de su
Congregación...¿O prefiere que investigue los hechos, que se le confisquen los
bienes y vayan todas ustedes a parar con sus santos huesos a la cárcel?
La
monja se pone de pie y camina hacia una ventana.
- ¿Qué quiere?- Fabián sonríe con sorna.
- Verá usted madre.....Cierta
huerfanita venida de los lados de Manzanares está hospedada aquí....Esa
huerfanita la quiero para mí
- Aquí estudian muchas niñas que son
huérfanas .
Fabián
deja de sonreir y cambia el tono.
- ¡Madre, Madre!......No juegue usted
conmigo, usted la conoce bien....Se llama Ana Victoria Quintero. ¿Le dice algo ese nombre?
- Yo no puedo....
Fabián
se para agresivamente frente a ella
- Mire señora, voy a ser muy
directo....o me entrega a Ana Victoria o ahora mismo hago que la desalojen por
ser cómplice de los bandoleros. Usted escoge.
La
monja titubea.
- ¡Está bien!...... pero con una
condición.
- ¿Cuál?
- Que esta conversación quede entre
nosotros....yo me encargaré de convencerla para que lo vea y por favor, no le
haga daño.
Fabián
vuelve a sonreir y toma de las manos a
la religiosa.
- ¿Cómo podría hacerle daño a la
mujer que más amo en el mundo? Quiero hacerla mi mujer y hasta es posible que
nos casemos aquí...en su capilla. ¿Le parece?
Una
semana después, en una mañana fría y lluviosa el coronel esperaba a su presea
en cercanías al Mirador de Chipre en la ciudad de Manizales tal como había
convenido con la religiosa.
No
pudo ocultar su enojo cuando vio aproximarse a la monja sola.
-
¿Qué
pasó madre? Sepa que yo no estoy jugando….
La
monja lo tranquilizó con una sonrisa…
-
No
se altere capitán. Ana Victoria accedió a encontrarse con usted, pero ella pone
las condiciones.
-
¡No
importan las condiciones! Yo lo que quiero es verla. ¿cuáles son sus
condiciones? . Y mi querida Madre….!yo no soy capitán!
-
¡Aquí
están! ¡General!
Le
entregó un trozo de papel en el que estaba escrita una dirección, unas
indicaciones geográficas y una hora.
Fabián
López pasó por alto la ironía de la religiosa, se frotó las manos como hace el
billarista cuando se enfrenta a una carambola difícil pero sabe cómo acertar.
-
Prométame
que no le vas a hacer daño -…suplicó la religiosa.
-
¡Lo
prometo!
La
monja dio la espalda y se alejó unos metros abordando un jeep que la estaba
esperando.
Fabián
leyó y releyó el papel, se ajustó el kepis y echó a andar calle abajo silbando
y tarareando una melodía popular….
Haciendo justicia
“El
refugio” es un motel al que por alguna poderosa razón cada seis meses le
cambian el nombre.
Queda
en la salida de Pereira vía Armenia.
Ana
Victoria escogió el sitio y Fabián, acostumbrado siempre a salirse con la suya
no extrañó que un lugar tan poco pío, fuera escogido por una mujer cuya virtud
sobrepasaba todos los límites y aceptó
sin chistar.
Descendió
del auto y ordenó al soldado que lo conducía que pasara a recogerlo solo cuando le avisara, miró su reloj y al
levantar la cabeza vio a Ana Victoria sentada en un poyo al lado de la puerta
principal.
Se
le acercó sonriendo y ella al sentir su proximidad se puso en pie.
-
¿Me quiere? Pues aquí me tiene....dijo
mirándolo retadoramente.
- Estoy sorprendido por el lugar que
has escogido…y no pudo reprimir una sonrisa burlona.
-
Es el lugar más apropiado para las
canalladas. ¿Contento? ¡Sígame!
Fabián
se echó a reir adueñándose de la situación. Intentó cogerle la mano, pero ella
lo rechazó.
- No me digas que vas a hacerme una
canallada…..espero eso, con ansia.- caminó tras ella el corto
trayecto hacia la habitación sin dejar de reir.
Ana
Victoria se detuvo frente a la puerta del cuarto 2B y antes de meter la llave
en la cerradura giró y miró al coronel directamente a los ojos.
- Pero eso sí tengo que pedirle algo
-, Fabián
sostuvo su mirada y con algo de ternura respondió:
- Pide lo que quieras, alma mía...
- Deje a las monjas en paz. Esas
mujeres no merecen tanta maldad de su parte, abrió la puerta y
con premura se fue desvistiendo. El coronel trago saliva, cerró la puerta sorprendido y avanzó hacia ella…
-
Ah, qué pobreza la del lenguaje humano.
Apenas llamar Ana Victoria a un hálito de Dios....Es muy triste para mí que me
consideres de esa manera. Todo esto lo hago porque te amo y por tu bien-....¿No
dices nada?
- Deje a las monjas en paz.
- Te juro que no volveré a
molestarlas…excepto cuando fijemos la fecha de nuestra boda, toma su rostro entre sus manazas e intenta
besarla.
Ana
Victoria lo rechaza con mucha violencia.
- Vamos....si te pones así…. más
excitado me pongo.
Ana
Victoria completamente desnuda se tira en la cama.
-
Haga
lo que tiene que hacer y déjeme en paz.
Fabián,
desconcertado se pasó las manos por la cara…
-
No
es como imaginaba…..
-
Acabe
de una vez con esto. Eso es lo que siempre ha querido….o…¿se le achicaron los
huevos? ¿Solo le funciona violando?
-
¡Por
favor!
-
O….¿usted
no es más que una maricón disfrazado de machote?
El
hombre se encendió. Torpemente se quitó la ropa y se abalanzó con fuerza sobra Ana Victoria
-
¡Maldita!
Te voy a hacer tragar el maricón…
Forcejearon
durante unos pocos minutos hasta que la fuerza bruta del militar se impuso a la
resistencia de la muchacha. Seguro de su victoria se concentró en recorrer con
su boca el cuerpo conquistado y no pudo advertir el momento en que Ana Victoria
sacó un estilete debajo de la almohada.
Fue
un certero impacto directo al corazón. El hombre hizo una mueca de incredulidad
y placer y se cayó sobre ella.
Ana
Victoria lentamente se quitó el cuerpo de encima, se duchó con meticulosidad,
se cambió de ropas, cerró la puerta con doble seguro y abandonó el motel por la
puerta trasera.
Tenía
claro que su vida dependía de que nadie la viera salir del lugar y que se
demoraran en encontrar el cuerpo del militar. Se escabulló por entre un lote
rocoso y decidió volver al convento de las monjas y en ese tránsito se demoró
casi tres días.
Al
llegar, la madre superiora le negó la entrada y cualquier tipo de ayuda
aduciendo que está poniendo en peligro la vida de sus religiosas y por alguna
explicable razón cristiana le confesó que estaba comprometida con las autoridades a entregarla
tan pronto apareciera por su puerta.
-
En
cuanto vengas les diré que no volvimos a verte…pero vete bien lejos que lo que
más necesitas es poner distancia…..
Cerró
la ventanita de la puerta y Ana Victoria quedó muda…sin saber que hacer…
El
crimen de coronel se descubrió apenas cuatro días después gracias a que el
soldado conductor queriendo hacer méritos para un permiso fue al motel con el
pretexto de preguntarle al coronel si necesitaba algo.
El letrero de “No molestar” permanecía colgado
en la puerta, pero un olor fuerte salía de la habitación, así que tuvo que
llamar al administrador. Al abrir la puerta se encontraron con el cuerpo sin
vida del coronel con un estilete clavado en el pecho.
Ese
tiempo fue suficiente para que Ana Victoria trazara un
precario plan de escape.
Tiene
que huir, no tiene a nadie, las monjas la dejaron a su suerte, todo el mundo la
busca por ser la homicida de un “miembro prestante” de la sociedad caldense y
un destacado oficial de las Fuerzas Armadas.
Vagando
por varios días en total estado de indigencia, quiso la fortuna que un hombre
la recogiera en la carretera y la llevara hasta Barragán, un poblado en los
límites entre el Valle y Quindío.
En
el vehículo conoce a Pancha quien ha
oído que el trabajo bueno está en la zona del Caquetá y la convence para viajar
a esas tierras.
Las
dos mujeres descienden en Barragán pero
Pancha al notar que a su nueva amiga le temblaba todo y aún tenía rastros
de sangre en las manos y en la ropa decide continuar sola su viaje.
-
Mija,
usted esta envenená
Al
anochecer, con hambre y sin nada definido se aventuró a entrar en una cantina
llena de hombres tomando licor. El único lugar en que encuentra algo de esperanza.
- Usted no es de por acá,
le dijo una mujer gruesa que parecía un camionero.
- No soy de por acá. Soy de otra
parte- respondió la muchacha con debilidad.
-
¿De dónde?
-
Vengo de Bogotá, mintió no queriendo
relacionar lugares con una probable
noticia del crimen. A esta hora deberían estar buscándola a pesar de todas las
precauciones que tomó.
- ¿Qué le pasó?, preguntó
la mujer al ver el estado lamentable de sus ropas.
- Venía en el carro con mi
esposo...veníamos discutiendo...por lo de siempre...por los celos y de repente
se puso como loco, me golpeó y me arrojó del carro.
- Debemos avisarle a la policía, dijo
la mujer alcanzando un teléfono.
-
¡No! , exclamó sobresaltada... No, mi esposo es policía y en este caso la
culpable soy yo.
A
este punto varios hombres se acercaron mirando con lascivia a la forastera. La
mujer grande espetó.
- ¡Ni se les ocurra! Es mi sobrina
que ha venido de Bogotá.
-
Tienes una sobrina muy buena, Genoveva,
dijo un hombre bajito con un bigote a lo Cantinflas. Todos rieron.
-
¡Pero muy buena!, dijo otro
acompañado de sendas carcajadas
-
Pues la niña no está a la venta.
- Nos dijiste lo mismo con tu otra
sobrina y mira, casi te quiebra el
negocio.
-
Pues con esta es diferente…..así que si
están muy arrechitos van a tener que echarse una ducha fría.
La
inesperada hospitalidad de Genoveva dio bríos a Ana Victoria aunque sabía muy
bien que tarde o temprano se la iba a cobrar.
No
fue así. Aún existen personas desinteresadas en Colombia que están dispuestas a
dar una mano a los demás sin esperar nada a cambio
Ana
Victoria siguió contando la historia que había inventado y conmovió
a Genoveva al extremo de llegar hacerla llorar. Esta se ofreció a ayudarle con dinero y ropa y
le dio una dirección en Florencia donde podían esconderla al menos por unos
días.
Ana
Victoria le había dicho que su marido era una especie de matón con vestimenta
militar y que su vida corría peligro.
Genoveva
había pasado por algo similar lo que la obligó a prostituirse pero que:
“ Gracias
a Dios tengo mi propio negocio y sólo se lo doy a quien yo quiero”.
La selva
La
ciudad de Florencia en el Caquetá, no resultó como esperaba y la condición de
fugitiva empeoraba mucho las cosas. La casa que Genoveva le recomendó estaba
arrendada por una prima suya y su esposo, pero el problema era que el propietario
de la casa era un destacado sargento de la
policía, jubilado prematuramente por
“heridas de guerra”, que estaba pendiente de todo lo que allí ocurría.
Ana
Victoria, viendo el peligro en que estaba su libertad y sin poder sincerarse
con sus anfitriones, sin pensarlo mucho salió a buscar un sitio más seguro.
En
esa tarea se encontró con Pancha, la amiga que había conocido en los primeros
días de huida. Pancha se sorprendió mucho
al verla y a pesar de sus aprehensiones le dio hospedaje un par de días y le
entregó la dirección en Bogotá del negocio de una prima que le podía dar una
mano, pero le recomendó que por ningún motivo dijera su nombre…tampoco le dijo
cuál era el negocio de su prima….
-
¿Por
qué?
, pregunto Ana Victoria extrañada.
-
Mija,
usted está envenená y lo mejor que puede hacer es irse a una ciudad grande
donde resulta más fácil esconderse. Edelmira no es de las que hace muchas
preguntas….pero ni se le ocurra mencionarme…!Buena suerte, amiga!
Ana
Victoria no entendía bien porque la mujer le decía eso. En ningún momento ella
le había contado nada de ella y el coronel López…entonces…¿Sería en verdad
Pancha la buena samaritana? ¿Si sabía algo por qué no la denunciaba? ¿Quién era
Pancha?
Todas
esas preguntas se agolpaban en su cabeza mientras esperaba transporte para
alejarse de Florencia.
Decidió
que no iba a arriesgarse más así que paró un taxi y le pidió al conductor que
la dejara en un paradero en la salida para Neiva temiendo los controles
policiales en los terminales de transporte.
El
hombre la miró complacido, la muchacha era muy joven y hermosa, ideal para el
ejercicio del galanteo tan frecuente en los
gremios del transporte público. Encendió
la radio, puso una emisora que pone vallenato de esos de moda…. y miraba a la
muchacha insistentemente por el espejo retrovisor…
-
¿Qué
me mira?, preguntó Ana Victoria visiblemente fastidiada.
-
A
usted la están buscando- dijo el hombre en un tono casi
divertido.
Ana
Victoria asustada, cerró los ojos y levantando la cabeza preguntó:
-
¿Qué
está usted diciendo?
El
taxista se giró bruscamente y le dijo:
-Usted se cargó a un oficial de la
policía y en estos momentos la buscan por cielo y tierra. Mire, hasta volantes
han repartido con su fotografía, le mostro una hoja en la
que se veía su imagen y un letrero de “se busca”.
-
¡Paré
aquí! Me bajo, - dijo Ana Victoria visiblemente afectada.
-
¿Y
para dónde va ir? Usted no conoce a nadie por acá.
-
Ya
veré lo que hago, déjeme aquí.
-
Puedo
ayudarla
-
La
única manera de ayudarme es teniendo el pico cerrado, se
asombró de haber dicho esas palabras. Ellas no pertenecían a su vocabulario.
Empezó a buscar su billetera para pagar el servicio.
-
Conozco
a alguien que puede darle una mano, - insistió el taxista – no tema. Usted hizo lo que muchos hombres no
fueron capaces. Acabar con esa escoria.
Ana
Victoria se quedó en silencio. En ese momento no podía darse el lujo de
equivocarse, así que solo atinó a preguntar:
-
¿Usted
qué sabe?
El
taxista apagó el carro y se dio la vuelta.
-
El
coronel Fabián López era un bandido, hizo una pausa para
tragar saliva - él y sus hombres atemorizaron a medio país por
varios años. Y lo hicieron a placer, con la impunidad de aquellos que
sienten el respaldo del dinero y de la autoridad que se vende- nuevamente trago saliva y miró a todos lados - Fueron centenares de viudas y huérfanos los que iban dejando a su paso. Por eso cuando encontraron su cadáver en un puteadero de Pereira mucha gente respiró
con tranquilidad. Luego empezaron la
cacería. Al comienzo atribuyeron la muerte de ese perro a grupos armados
ilegales y sostuvieron esa tesis porque daba vergüenza reconocer que al más
despiadado de los guerreros lo había matado una putica celosa.
-
¡Yo
no soy puta!- gritó Ana Victoria contrariada. El
taxista puso las manos frente a su rostro reconociendo la embarrada.
-
¡Discúlpeme!
No era mi intención. –
el taxista empezó a hablar muy despacio, pensando en cada palabra antes de
decirla - Era lo que se decía. Pusieron a
un montón de unidades a preguntar por todos lados y hasta hace apenas unos días
empezó a circular por todos los medios la foto suya….Por eso cuando subió al
taxi me sorprendí. No puedo entender cómo alguien tan perseguido se pasea con
tanta frescura por ahí….
-
¿Me
va a delatar? preguntó bastante agresiva.
-
Ya le dije que la puedo ayudar. Si la fuera a
entregar ya lo había hecho y me había ganado un chicharrón que ni le cuento. Mire, señorita, no se baje
aquí. Déjeme que la lleve donde alguien que en verdad la puede ayudar. Sabe
cómo hacerlo.
-
Ni
Dios puede ayudarme, - era visible su desesperanza.
-
No
diga eso. Vamos, no queda tan retirado el lugar….Si de aquí a que lleguemos ha
pensado en otra alternativa, le prometo que yo mismo la llevo hasta Neiva, o
hasta donde usted quiera….
-
¿Por
qué quiere hacer esto por mí?
-
¡Por
gratitud! No se imagina usted la carga que nos quitó a más de uno eliminando a
esa porquería de ser humano….
No
muy convencida Ana Victoria asintió y se dejó llevar por algo más de dos horas
hasta una zona montañosa en la que en lo más alto estaba construida una casa
muy de estilo europeo…..
La
dueña de la cabaña era una mujer muy hermosa, cercana a los cincuenta a quien
llamaban “La condesa”.
“La condesa”
La
condesa era una mujer difícil de definir en pocas palabras. Su verdadero nombre era Luisa
Herrán Costas, al menos era lo que decía su documento de identidad. Hablaba con
un lejano acento andaluz, tenía ojos negros y un cabello rubio muy claro.
De
ella se sabía que siendo muy joven había ingresado a una orden religiosa de
monjas misioneras y que por ese motivo la enviaron a América del sur y como
consecuencia de su amor cristiano por los demás resultó comprometida con las causas
sociales pregonadas por la Teología de la Liberación en este rincón del planeta.
Había
llegado a Chile hacía varios años con el objetivo de trabajar con una tribu
mapuche donde habían recibido a la congregación y desde entonces empezó un
peregrinar andino por Perú, Bolivia, Ecuador y la había traído hasta el
Putumayo…a la casa de unos curas españoles que empezaban una obra social en
varios municipios.
Abandonó
su congregación religiosa más no su fe y por su propia cuenta se dedicó a
ayudar a mujeres víctimas de la violencia y de paso a niños huérfanos por la
misma causa.
Hacía
ya un par de años que había vendido sus propiedades heredadas en Europa y
construido con mil esfuerzos la casa de la montaña desde donde coordinaba acciones solidarias con los necesitados de la
región, hecho por el cual se había granjeado el respeto de las víctimas y como
consecuencia el odio y la envidia de los poderosos.
Su
condición de extranjera en un país afecto a admirar al que habla raro y sus vínculos con organizaciones de derechos
humanos le habían protegido, pero ella sabía muy bien que su cabeza tenía
precio.
Gozaba
de la protección de su rebaño, pero sabía muy bien que no podía confiar en
nadie porque tarde o temprano algunos de sus protegidos la iba a cambiar por un plato de
lentejas.
Parece
ser un acto reiterativo entre los cristianos.
El
taxista detuvo el auto en la carretera frente a un camino señalado en la
montaña:
-
Hasta
este punto llegan los carros. El resto del trayecto toca a pie. En veinte
minutos llegaremos.
La
muchacha levantó la cabeza buscando la cima…
-
¿A
usted lo conocen allí?
El
taxista no pudo responder sin un dejo de orgullo:
-
Claro.
La condesa es mi madrina…
-
¿Condesa?
-
Le
dicen así porque proviene de una familia prestigiosa de España o de Italia…pero
ella aborrece los títulos….A propósito, yo me llamo…Santiago Durán…
-
Yo
soy….
-
¡Ana
Victoria Quintero! Así dice en los volantes….
Ana
Victoria se detuvo unos momentos sorprendida. Nadie sabía de su encuentro con el coronel excepto
la madre superiora, el empleado del motel y el conductor del coronel….pero estos
no sabían su nombre….
¿Sería
posible que la Madre superiora….? ¿Quién?
Ella
había planeado todo en detalle.
Tomó
aire con fuerza y luego de un par de minutos continúo..
-
¡Vamos!
Santiago
empezó a caminar detrás de Ana Victoria, al ritmo de ella y al cabo de unos
minutos estaban parados frente a una enorme reja. Varios perros salieron a
recibirlos y tras ellos un hombre mayor armado de un bastón.
-
¡Santiago
querido!….!Qué alegría que nos vengas a visitar!
-
El
gusto es mío Papá Anselmo, respondió abrazando al abuelo.
-
¿Qué
lo trae por acá? ¿Y está señorita?
-
Es
una amiga. Venimos a ver a mi madrina…
El
hombre ofreció la mano para saludar a Ana Victoria pero ella la rehusó. Se
limitó a inclinar un poco la cabeza y sonreir,
-
La
Condesa está en la oficina. Pasen….Ya conoces el camino.
Santiago
y Ana Victoria caminaron bordeando un hermoso jardín hasta llegar a la oficina
de la Condesa.
Era
un espacio grande, con dos ventanas enormes con una vista espléndida. Luisa se
levantó de su silla y corrió a recibir a su ahijado:
-
¡Santi!
¡Querido! ¡Dónde te habías metido? – dijo Luisa abrazando al
taxista.
y esta lindura….¿es tu novia?
Ana
Victoria se apresuró a negar con la
cabeza y Santiago sacó el cartel de “se busca”
-
La
encontré en Florencia por los lados del Hostal Delgado y quería que la llevara
más adelante del Terminal en la salida para Neiva. La sentí confundida y luego
sin que ella se diera cuenta miré la foto que entregó la policía a los
taxistas….
-
Menos
mal fuiste tú, Santiago….pero, ¿por qué la trajiste acá?
Esa
pregunta generó un momento de tensión. El taxista se animó a decir:
-
Madrina!
Usted es la única persona que puede ayudarla…Victoria es una víctima como todos
los de por acá y está en peligro….
Luisa
se dirige directamente a Ana Victoria mirándola a los ojos
-
Usted
asesino a sangre fría a un oficial de la policía.
Ana
Victoria se sintió atacada e inmediatamente
increpó a Santiago
-
Usted
me trajo para que me ayudaran no para que me juzgaran…!me voy!
Se
dirige hacia la puerta pero Luisa y Santiago se lo impiden.
-
¡Un
momento! - Luisa se acerca y Victoria retrocede - No
temas. Voy a ayudarte, vamos a ayudarte. Vamos a sentarnos, a conocernos mejor
y a analizar cómo están las cosas y qué podemos hacer. Santiago, déjanos solas
y no olvides estar atento por si te necesitamos.
-
Claro
que sí, madrina. Victoria, queda usted en buenas manos.
-
¡Gracias!
Durante
algo más de tres horas Ana Victoria y Luisa estuvieron conversando, enterándose
mutuamente de sus historias, sus ocupaciones, sus ilusiones, sus fatigas.
La
Condesa tenía contactos en cada uno de
los bandos en conflicto, atendía los heridos sin que le interesara su
procedencia, la respetaban, pero…. debía ser muy prudente a la
hora de comprometer su ayuda. En este caso, estaba claro que Fabián
López había sido un enemigo común, razón más que suficiente para proteger a Ana
Victoria.
Esta,
al comienzo bastante escéptica, poco a poco fue encontrando esperanza en las
palabras de la ex monja y antes de irse a descansar acordaron un plan de acción
para hacer productiva la presencia de Victoria en la región.
En
muy pocos días, dada su formación académica
y su facilidad de palabra, su carisma, daba clase a los niños y a los adultos
analfabetos, redactaba cartas de petición, enviaba mensajes, ayudaba en la
cocina; era conocida y querida por todos los que frecuentaban la casa de la
montaña solo que no podía bajar al pueblo ni usar su propio nombre. Por esos
días se hacía llamar Olga.
También
tuvo que hacer algunos cambios externos, se pintó y cortó el pelo, dejó de usar
maquillajes llamativos y su vestimenta se volvió de lo más corriente….Nada que
pudiera recordar a la hermosa jovencita que alguna vez fue postulada para
emular a Luz Marina Zuluaga como Señorita Caldas.
Durante casi cinco meses respiraba tranquilidad, pero
se avecinaba una nueva jornada de elecciones y las fuerzas regulares dispuestas
a hacer el trabajo sucio de los políticos en la capital, idearon un plan “barrido”
por las zonas en conflicto buscando insurgentes para comprarlos o callarles la
boca.
Ana
Victoria tuvo que salir apresuradamente de la casa de la montaña sin siquiera
poderse despedir de la Condesa.
Con
la ayuda de Santiago y algunos contactos fue trasladada con seguridad por
varios departamentos evitando retenes
hasta llegar a la capital.
Por
fortuna había conservado la dirección de la casa en Bogotá que le dio Pancha,
El negocio de Edelmira
Casi
tres días demoró el viaje hasta la capital a pesar de que no hubo muchos
contratiempos.
Santiago
la acompañó todo el tiempo y siguiendo las instrucciones de la Condesa, la dejó
en un hotelito modesto y le entregó algo de dinero mientras encontraba el lugar
que le habían recomendado.
Ana
Victoria atendiendo el consejo de sus benefactores cambió su nombre
y su aspecto y se registró como Sonia Segura, comerciante. Santiago se despidió
en la recepción del hotel y Ana Victoria por primera vez en muchos meses sintió
verdaderas ganas de abrazar a alguien.
Al
día siguiente y con muchas precauciones empezó la búsqueda….Bogotá es una
ciudad enorme y luego de una larga jornada de búsqueda, pudo encontrar la casa.
Estaba
situada en el noroccidente de la capital de Colombia, una casa cuya propietaria
era una prima de Pancha llamada Edelmira Monroy.
Por
fuera, la casa se veía vieja, típica casa de barrio popular, refugio de
inmigrantes de otras regiones azotadas por la violencia.
Al
ver la edificación volvió a su mente una pregunta que se hacía desde niña:
¿Se
construye una casa para vivir o para ostentar?
En
la parte delantera funcionaba un expendio de cerveza. Ana Victoria entró y
encontró a un par de parroquianos sentados a una mesa bebiendo aguardiente y una
mujer detrás del mostrador….
-
¿Que
se le ofrece?
Ana
Victoria se acordó de las
recomendaciones de Pancha,
- Busco
a la señora Edelmira Monroy
-¿Quien la busca?
-
Mucho gusto. Soy Sonia Segura y vi un
anuncio…que – la mentira no era su fuerte- ¿Aquí no es una panadería? Estoy buscando trabajo…
La
mujer y los dos hombres echaron a reir con ganas…
¡Una panadería! - La
mujer cruzó una mirada de complicidad con los hombres y dijo:
-
Espere
un momento y le llamo a la dueña de la
panadería – y nuevamente se echó a reir, abrió una ventana
trasera – Estefanía, dígale a Edelmira
que alguien la está buscando…para lo del trabajo en la panadería.
La mujer miró a Ana Victoria de arriba abajo,
volvió a mirar pícara a los dos hombres….
-
Siga.
Al fondo, en la puerta verde. –abrió una puerta y
dejó pasar a Ana Victoria.
Y
tamaña sorpresa la que encontró y no
sería la única sorpresa de ese día.
La
casa por dentro era otra cosa.
Había
un patio grande con una marquesina muy bien dispuesta y seis habitaciones confortables
alrededor del patio. También había dos cuartos adicionales...uno en el que
recibía Edelmira y el otro para…. casos especiales.
Vio
la puerta verde y se dirigió hacia ella.
Ana
Victoria tocó la puerta y de adentro se escuchó:
-
¡Pase!
Era
una habitación grande dividida por una estructura en madera. A la derecha una
alcoba con baño privado y a la izquierda era una pequeña oficina desde dónde Edelmira
atendía.
.- ¡Siéntese! En seguida salgo.
Ana
Victoria se sentó en una silla bastante cómoda y llamó su atención que esa
silla era mejor que la que estaba detrás de un escritorio muy ordenado oliendo a nuevo.
-
¡Gracias!
Edelmira,
una mujer de sesenta años y bastante atractiva salió de la alcoba y peinándose
se sentó frente a la visitante.
-
¿Qué
la trae por acá?- dijo sin mirarla siquiera
A
Ana Victoria le disgustó la manera cómo se lo dijo, pero no teniendo
alternativa esbozó una sonrisa.
-
¡Muy
buenas tardes!…Verá, yo soy nueva en la ciudad y estoy buscando trabajo…..
-
¿Y
quién le dijo que aquí hay trabajo?¿Quién le dio mi nombre?
Ana
Victoria no podía nombrar a Pancha, salvo que fuera necesario así que volvió a
mentir.
-
Me
dieron una dirección por acá….me hablaron de una panadería…..Una señorita me
dijo que preguntara por Edelmira Monroy
-
¿Qué
señorita?
-
Una
muchacha a la que le pregunte a unas calles de aquí..
Edelmira
pareció entender
-
Creo que a usted le jugaron una broma. La
gente en esta ciudad es así. ¿Usted ve en esta casa una panadería?
-
No
señora. Discúlpeme, creo que me equivoqué….!Me voy!
Al
ponerse de pie, Edelmira notó la belleza y la juventud de la muchacha y preguntó:
-
¿Cuántos
años tiene?
-
¡Veintidos!
-
¿De
dónde viene?
Ana
Victoria algo molesta se apresuró a decir:
-
De
Medellín, pero eso no tiene importancia. Gracias y hasta luego.
-
¡Un
momento!
-
¿Si?
-
Tal
vez podamos hacer algo…¿De verás usted no sabe de qué es este negocio?
-
La
verdad no…Entré a la tienda para averiguar por la panadería……¿Es un expendio de
licores? ¿Una posada como las de mi tierra?
-
Vamos,
acompáñeme a dar un paseo por la casa y se dará cuenta de lo que aquí se hace.
Si le interesa, podemos seguir nuestra entrevista….si no….si te he visto no me
acuerdo. ¿Estamos?
Ana
Victoria se llenó de intriga y aceptó. Dieron un paseo por la casa.
Pudo
darse cuenta de que las cosas estaban dispuestas
con una gracia particular.
-
Aquí
viene mucha gente todos los días y los fines de semana está lleno..
Lo
primero que le vino a la cabeza a la muchacha fue un restaurante tipo estadero….pero
no vio mesas, ni sillas, no podía ser un restaurante…. por la cantidad de personas
que la frecuentan podía ser una iglesia de esas que ahora funcionan en los
barrios… por nada imaginaría que fuera para otros menesteres.
Después
de ver los cuartos Edelmira la llevó a lo que ella denominó el sector VIP:
-
Una
salita de estar donde se ve televisión nacional y un saloncito privado donde
algunos clientes y algunas chicas ven videos…fuertes. –
dijo eso orgullosa, como si fuera un gran logro.
Ana
Victoria acusó el golpe.
-
¡Aquí
funciona una….!
-
¡Un
puteadero! Pero no es cualquier
puteadero….
Esto es un negocio respetable y todas
las que trabajamos aquí lo hacemos con gusto, con esmero. Nuestras historias
son tan parecidas y hacemos esto por la necesidad….pero lo hacemos sin
menoscabar la dignidad humana. – se plantó frente a Sonia
y mirándola a los ojos continuó - Así que mi querida señorita….Si usted quiere,
aquí puede usted empezar hoy mismo….si no, siga buscando su panadería…
Ana
Victoria se quedó sin palabras.
Le
gustaba mucho la franqueza y Edelmira le dijo todo sin adornos. Por unos
instantes no sabía que decir, pero al no tener otra alternativa pensó que nada
sacaba con ponerse digna, así que decidió aceptar el empleo y dada su juventud
y belleza acordó con Edelmira ciertas prerrogativas, claro está, que no fueran
a generar celos e inconformidad en las otras muchachas. Entre ellas estaba el
vivir en la casa.
Las
dos mujeres se estrecharon la mano y Edelmira ordenó a Estefanía que se
encargara de instalar a la nueva empleada…..y que le avisaran cuando las otras
v chicas llegaran para hacerles un anuncio especial.
-
Buenas
noches muchachas. Tengo el gusto de
presentarles a Sonia Segura, la nueva administradora….
Las
chicas asombradas se rieron nerviosas,
se miraron unas a otras y respiraron tranquilas al ver a una mujercita que
parecía una monja, que no era competencia para el negocio, pero cuando la
escucharon hablar todas supieron al instante que esa mujer estaba ahí por otra
cosa....
Ana
Victoria, ahora Sonia Segura, heredó el espíritu emprendedor de Roberto,
sugirió hacer algunos cambios para convertir el lugar en algo más acogedor y
más productivo. Todas estuvieron de acuerdo.
También
se ocupó mejorar las condiciones laborales y sanitarias de las doce mujeres de
la casa.
Hay
doce niñas empleadas porque Edelmira es devota de los doce apóstoles. Sonia sin
saberlo llegó a serla número doce.
Edelmira
estuvo de acuerdo con todo y dio Gracias
a Dios por haberle enviado ese ángel….
La
verdad es que el negocio estaba atravesando una crisis muy profunda…Muchas
deudas, mucha envidia, la autoridad sacando su tajada…la rutina matando las
ilusiones…
“Porque las putas también tenemos ilusiones”
Las chicas
Estefanía......,
una mujercita de treinta años, pequeña, con un defecto en la visión. Los
consuetudinarios aseguraban que era el “mejor polvo de la casa”. Al contrario
de las demás, ella no se lo daba a quien no le caía bien. Se encargaba de la
limpieza de las habitaciones, de vaciar los baldes y otras labores similares.
Era una “hormiguita” moviéndose todo el tiempo.
Rosanna,
una de las mayores proveniente de Boyacá, vivía muy cerca del negocio y hasta
donde podía llevaba una doble vida. Era madre de tres hijos varones y temía el
momento en que ellos se enteraran. Se encargaba de atender el negocio de
cerveza y esporádicamente se iba con algún cliente interesado.
Raquel,
presumía su belleza y a todos los que se cruzaba les decía que era modelo.
En
verdad era muy bonita pero muy bajita. Con cariño la llamaban “la enana” y ella
se disgustaba a menos que fuera un hombre joven el que lo dijera.
Narda,
casada con un joven alcohólico y muy violento,
quien no tuvo escrúpulos para venderla a sus amigos para conseguir el dinero
para su vicio. El tipo estaba en la cárcel y ella lo tenía que visitar todos
los fines de semana porque la había amenazado con que si lo dejaba, cuando
saliera la mataba.
Alice,
abandonada por su esposo y con dos hijos para criar se dedicó a la prostitución
por pura necesidad. Le costó mucho trabajo adaptarse. Era la consentida de la
casa. Lloraba por todo.
“Crespos”,
nacida en un pueblito del César, criada en Cartagena donde empezó a trabajar en
las calles obligada por su madrastra. Un turista le prometió llevarla a Italia
pero la dejó tirada en el aeropuerto de Bogotá. Vagó por las calles varios días
hasta que dio con Rubiela, quien la llevó a la casa de Edelmira.
Alsey,
nadie sabía nada de ella. Llegaba y se iba sin hablar con las demás, pero era
muy eficiente y a los hombres les gustaba mucho estar con ella.
Begonia,
de una vereda de Mistrató, se enamoró de un soldado que le prometió el oro y el
moro pero al final de cuentas el hombre le resultó casado y con hijos. Su
familia la desterró.
Rubiela,
bailarina de salsa. En las ocasiones
especiales se robaba el show bailando. Decía que era de Cali, pero en verdad
había nacido en un pueblito del Putumayo.
Era
una de las antiguas de la casa aunque no era la mayor. Se encargaba de hacer
las compras, pues era muy hábil manejando la camioneta que un cliente le regaló
a Edelmira.
Lauren,
universitaria que empezó a trabajar esporádicamente para pagar sus estudios,
pero le cogió cariño a la casa. Soñaba con ser abogada y le gustaba intimidar a
los hombres con su carácter desparpajado.
Tita,
joven caldense, fue desalojada con su familia por un grupo de bandidos. Terminó
en una casa del Bienestar Familiar esperando ser adoptada. Como eso no pasó se
dejó convencer de Melany y rentaron una habitación en el sur de Bogotá y se
dedicaron al rebusque.
Melany, proveniente de la Virginia se denominaba “echada pa´lante”. Estuvo en el Bienestar Familiar hasta cumplir los dieciocho y se fue a trabajar como criada en la casa de una funcionaria del Instituto. Fue despedida, acusada injustamente de ladrona y convenció a Tita para rentar una habitación y trabajar vendiendo café y empanadas en el mercado de abastos. Ahí estuvieron hasta que un asiduo de la casa de Edelmira las convenció de cambiar de oficio.
La casa
Así
el cuarto 1 se llamaba “Aretino”;
el
2, “El jardín de las delicias”;
el
3, “El divino Marqués”;
el
4, “El cuarto de Bataille”;
el
5 “La sonrisa vertical”
y
el 6, “El delta de Venus”
Al
principio las chicas y la clientela se sentían desconcertados, pero con el
correr de los días...Sonia ya las había instruido mínimamente en literatura
erótica y todos se sentían complacidos, divertidos y hasta empezaron a ponerle
características a cada uno, por ejemplo...al Cuarto de Bataille le atribuyeron
la buena suerte pues uno de sus habituales clientes “el día que lo estrenó” se
ganó un chance.
Al
cuarto de Aretino lo llamaron también el cuarto de la desgracia....porque un
cliente tuvo un infarto fulminante y murió en los brazos de Alsey quien tomó el
incidente como “gajes del oficio” y pese a que tuvo que comparecer ante los
investigadores su temperamento hermético no se vio alterado. De común acuerdo, a menos de un mes de
ocurrido el incidente, decidieron cambiar el nombre por “ El cuarto de los
Canarios” pues justo, colgado del techo, Edelmira puso una jaula con una pareja
de canarios que le trajo un cliente agradecido.
Un
par de meses después de la llegada de Sonia quedaron nueve muchachas, pues tres de las más jóvenes,
Tita, Lauren y Begonia se dejaron convencer de una supuesta representante de
modelos y decidieron empacar maletas e irse a aventurar
a España pese a las recomendaciones de las más veteranas y a las noticias en la
prensa y en la televisión acerca de la trata de blancas.
Días
después un cliente habitual, un transportador de Corabastos, llevó dos
muchachas para entrevistar y se quedaron.
Marleny
y Luz Dary, dos jovencitas que
aparentaban catorce, pero que Edelmira se aseguró de que fueran mayores de
edad.
Y
para volver a completar la docena…..una
mañana apareció una atribulada Pancha
por la casa de su prima.
Volvieron
a ser doce.
Sonia
y Pancha se sorprendieron mucho al verse, sin embargo fingieron que no se
conocían y la sorpresa fue mayor cuando Pancha descubrió que “Sonia” era la
mano derecha de la dueña.
La
casa tuvo pues, su renacimiento.
Pasó
de ser un sórdido puteadero de barrio popular a darse aires de un Club Privado para las clases populares y poco
a poco se fue depurando la calidad de la clientela hasta casi convertirlo en un
segundo hogar.
Era
muy frecuente la celebración de algún cumpleaños; era sagrado el día de la
madre y el día del amor y la amistad, las novenas de aguinaldos….
Marleny
y Luz Dary se encargaban de los festejos
y todas esperaban la aprobación de Sonia...quien no se oponía a pesar de no
disfrutarlo tanto.
Una
de las festividades más apetecidas era la de la noche de brujas...
Una
verdadera fiesta a la cual solo invitaban a los clientes especiales y todo
corría por cuenta de las niñas. Los clientes iban disfrazados y les hacían
sentir que era un honor que los hubieran invitado...
A
pesar de la bacanal que colofonaba la celebración...más que un tributo a la
lujuria era una fiesta de integración y de amistad.
Claro,
problemas nunca faltaban.
Después
de las fiestas algunos clientes alicorados se sentían con atribuciones sobre las chicas y
algunas relaciones y malos entendidos
empezaron a dañar el ambiente.
Sonia
participaba discretamente...pero no aceptaba ir a la cama con ninguno fingiendo
estar indispuesta....
El
trabajo era muy pesado pero todas estaban contentas porque sus ingresos
mejoraron notablemente y la relación con la clientela adquirió matices muy
especiales…
Una
familiaridad que no encontraban en sus propios hogares.
Melany
que era muy ahorradora y perspicaz para los negocios prestaba a algunos
clientes dinero a interés y poco a poco fue amasando una pequeña fortuna que
pensaba invertir en un restaurante.
Aunque
la idea de hacer una cooperativa fue de Sonia, Melany se convirtió en el
corazón de la misma y los beneficios no se hicieron esperar.
Sonia
trabajaba seis noches a la semana, a
veces solo cinco, a veces siete.
El
lunes era un día que se insinuaba poco rentable, pero comprobaron que era un
día bueno para el amor aunque no era bueno para el consumo de bebidas.
A
petición de Sonia, quien quería fumar tenía que hacerlo en el patio...norma que a algunos guaches ofendió, pero que poco a poco todos agradecieron.
Rosana,
la de más edad, tenía tres hijos y al mayor se lo llevaron para el ejército.
Movió influencias con un tipo que decía ser del Das, pero el tipo le sacó un
billete largo y la tumbó....
Al
saber que el tipo decía pertenecer a las autoridades, Sonia tomó todas las
precauciones posibles hasta cuando comprobó que el tipo no era más que un
impostor, mentiroso, ladrón y hablador.
Algún
cliente receloso llegó a pensar que la
presencia de Sonia era por vicio, que
esa nena no tenía necesidad de abrirle las piernas a nadie por billete...o que
seguramente estaba huyendo de algo.
Empezó
a tejerse un manto de conjeturas a su alrededor que para nada le convenía y
decidió tomar más precauciones.
Con
la anuencia de Edelmira empezó a salir dos y tres veces a la semana sobre todo
en horas de la tarde a la Biblioteca pública, al cine, a librerías….Su atuendo
para nada llamativo, un epitome de la discreción y prefería tomar el transporte
público para sus desplazamientos. Evitaba encontrarse con alguien que la pudiera
reconocer del negocio y se convirtió en una transeúnte más por la muchas
veces inhóspita ciudad de Bogotá; una
mujercita anodina que no obstante capturó mi atención.
3
Estrellando con la verdad
En
el barrio Estrada. La vi entrar en ese local….Bajé del taxi y al pagarle el
servicio al chofer noté una sonrisa
llena de picardía y con el pulgar extendido:
-
Muy
buen sitio. Se lo recomiendo-
-
Gracias,
buena noche –
le
respondí y me quedé un par de minutos dudando si entraba de una vez, o esperaba
y venía luego. La curiosidad mató al gato. Me asomé discretamente por la
ventana y vi al interior a un par de adultos mayores tomando cerveza y a una
mujer detrás del mostrador….No se veía a mi amiga por ninguna parte. Esto
exaltó aún más mi curiosidad y decidía entrar.
-
Buenas
noches
-
Buenas
noches caballero. ¿Que se le ofrece?
-
¡Véndame
una cerveza!
-
Claro.
Con mucho gusto
Me
alcanzó una cerveza y empecé a beberla junto al mostrador….Miraba todo el lugar
tratando de encontrar una puerta por la que hubiera podido entrar…
Al
final me decidí…
-
Una
amiga mía entró aquí….pero ahora no la veo…. Será posible….
-
¿Qué amiga?
-
No
me dijo su nombre pero….
-
Es
muy raro no saber el nombre de los amigos….
-
La
verdad es que nos conocimos hace unos días y hoy por casualidad la vi entrar a
este negocio pero no la he visto salir.
-
¿Es
usted policía? ¿La está siguiendo?
-
Nada
de eso. Yo soy profesor y ….pues…¿Está
aquí?
Uno
de los hombres visiblemente borracho dijo…
-
Si
está aquí…es la de la panadería…. Y soltó una vulgar carcajada…Rosanna, ¡ábrale
al señor!
A
regañadientes la mujer abrió una puerta camuflada detrás de un estante y me
señaló un cuarto aledaño a la tienda.
-
Vaya
a la sala de espera y pregunte por Sonia..
Así
lo hice.
Era
extraño verla así vestida. Era una de
tantas y al mismo tiempo era la única, no por virtud de un sentimiento raro que me embargaba sino porque era así.
Mis
ojos entrenados en otear las profundidades de los seres humanos, me regalaban
una imagen que pese a lo predecible e incómoda, me resultaba excitante.
Apareció
en la sala y preguntó
-
¿Quién
me busca?
-
Hola
–
dije porque no sabía que más decir.
Ella
me miró con una mezcla de sorpresa, rabia y reproche:
-
¿Estás
aquí?
-
Pasaba
por aquí y….,- no
tenía nada que decir y sentía que cada vez que abría la boca la embarraba más
-
¡No
mientas! ¡Me seguiste!
Me
había descubierto y en ese momento solo pedía que la tierra me tragara.
-
Disculpa,
yo….
Hizo
un gesto de desaprobación que no obstante me pareció encantador….
-
No
digas nada….Ya sabes mi secreto….hizo una pausa muy
teatral y se acercó a mi oreja para susurrarme - Si ahora mismo sales y te vas voy a entenderlo.
Todavía
más sorprendido y sin saber que hacer o decir…se me salió
-
¿Quieres
que me quede?
- ¡Es tu problema!
Hacía
muy pocos días tuve que asistir a una conferencia sobre la madurez y no sé qué
más, que en verdad no me interesaba. La conferencista era novia de mi hermano y no pude negarme a
acompañarlo pues necesitaba urgentemente un favor de dinero. La gran conclusión que saqué de la
conferencia luego de aburrirme por casi dos horas fue que la madurez solo sirve
para que le pidan a uno cuentas.
En
ese instante llegaron a mi mente ecos de
aquella charla inútil e interiormente me
pedía obrar con madurez…
Durante
mi juventud hubo temporadas en la que frecuenté lugares prohibidos que proveen
de amores mercenarios...y eso terminó por lastimarme pues jamás pude disfrutar
del rol de comprador...del cliente. Siempre y esa ha sido mi perdición, he
entendido eso...he buscado la magia que hay en el encuentro de dos....
Moriré
en ese error....Si no hay magia no hay nada y no tengo ninguna prevención
moral.. Soy eso que los expertos de hoy tildan como “open mind”...y como tal
puede asegurar que hasta el más libertino, en secreto, añora algo para sí.
Tenía
razón. Era mi problema.
Había
razones más que suficientes para alejarme de una vez y quitarme ese capricho de
encima. No obstante, estaba seguro de que había algo más.
Ella
no era una mujer de ese ambiente y si estaba allí era por alguna razón muy
diferente.
Decidí
continuar…..
¡Me
quedé!
Verla
ahí al alcance de sesenta mil pesos. Lo que se sueña también puede ser
comprado...
¿Sería
capaz de comprarla?
¿Compraría
yo algo que merezco, que me pertenece?
Uno
de los parroquianos, al que todos llamaban doctor, hacía todo lo posible por
llamar su atención y en cierta manera la acaparó durante varias horas. Ella volteaba a mirar sopesando mi reacción…Yo
hacía lo mismo. Tomaba una cerveza en compañía de “Crespos” quien al notar que
yo no iba a hacer nada iba y volvía.
-
Me
traes suerte…..Hoy ha sido una noche muy buena…por qué no te animas. Mira que
Sonia está ocupada……
-
Trae
otra cerveza y un trago para ti….
Esa
noche, el doctor se quedó sin recompensa y yo estaba seguro que para decidir no
irse con él, estaba pensando en mí....
Muy
de madrugada no tenía otra opción que la de marcharme. Crespos me dijo
-
¿Viene
motorizado?
Sonia
apareció tras ella y le dijo:
-
No
te preocupes niña, vete a descansar…Bernardo,
voy a pedirte un taxi..
Me
acompañó hasta la salida y esperamos la llegada del auto. No sabía que decir.
Tantas cosas pasaban por mi mente. Así que me sorprendió mucho cuando se acercó
y me beso en los labios
-
¡Cuídate,
Bernardo…..!
Regresé
la noche siguiente, y la otra y la otra hasta hacerme habitual.
Alcancé
a conocerlas a todas.
Sonia después de unos días reconoció ante sus compañeras que yo era su amigo, un amigo especial y eso me hizo sentir importante. En pocos días Rossana sonreía cuando me abría la puerta y Estefanía me guardaba un cafecito caliente…
El pasado no perdona
Sonia
nunca me contó nada de su historia. Ella sabía que era cuestión de tiempo para
que sus enemigos dieran con su paradero.
La
Condesa alguna vez le sugirió que
saliera del país e iniciara una nueva vida, pero “Olga” se negó
argumentando que por nada del mundo iba a dejar su patria amada y que haría
todo lo posible para aclarar su situación y recuperar lo que con tanto esfuerzo
habían trabajado sus padres. A todas luces esa pretensión era imposible en un
país como el nuestro, donde el odio y el
resentimiento se transmiten de generación en generación.
Había
encontrado alguna tranquilidad en casa de Edelmira y su vida había tomado
sentido, muy diferente al que había soñado antes de perder a su padre.
Le
gustaría que esa tranquilidad fuera duradera…pero el enemigo era muy poderoso y
no se puede escapar de los tentáculos de
la fuerza desplegada con el amparo de la
ley y entonces se vio obligada a llevar una vida clandestina para no llamar la atención y no perder el contacto
con sus pocos amigos, que por ese entonces también estaban siendo perseguidos.
Fabián
López Jr. Hijo bastardo del coronel, pero heredero universal de la fortuna de
los López perdió a su padre cuando solo tenía seis años pero apenas tuvo uso de
razón frente a la tumba del coronel le prometió a su madre que vengaría su
muerte “aunque sea lo último que haga”.
Con
la ayuda de las fuerzas del orden, el rastreo de la asesina de su padre lo
condujo a la montaña fortín de la
Condesa por lo que esta, tuvo que correr por su vida e internarse en zona
selvática desde dónde intentaba salvar su vida y la de sus allegados.
Igual
que su padre, muy dado a la vocinglería y a la ostentación del poder que les
daba la impunidad, el joven Fabián utilizaba todos los medios disponibles para
amedrentar, amenazar, burlarse de los menos favorecidos…
La
Condesa sin dudarlo le pidió a Santiago
que dispusiera de dos chicos para que se
encargaran de proteger a “Olga” de manera discreta.
César y Camilo decían
llamarse los dos campesinos que se encargaron de la misión. Viajaron a Bogotá,
exploraron el terreno y en muy pocos
días se volvieron clientes habituales en
el negocio. Nadie sospechaba nada. Para todos eran un par de jóvenes
provincianos buscando trabajo en la gran ciudad y que en las noches se
divertían como lo hace todo el mundo.
Yo no les creí mucho sus historias porque un día que Camilo estaba muy borracho lo encontré en los orinales y pude darme cuenta de que portaba un arma en el cinto. No le dije nada a nadie pero me puse muy alerta.
Sin misterios
La
violencia que nos ha acompañado desde hace varios siglos recrudeció en varias
zonas del país y el terrorismo azotaba las grandes ciudades. Los crímenes no
cesaban a pesar de los esfuerzos de las organizaciones de Derechos Humanos que
monitoreaban permanentemente el desarrollo de los acontecimientos.
César
y Camilo aparecieron muertos una mañana por los lados del Jardín Botánico y las
circunstancias concluían que había sido una ejecución.
Al
saber la noticia, cundió el nerviosismo en el negocio por obvias razones y una
de las más afectadas fue Sonia, pues, de alguna manera sospechaba lo que había pasado..
-
¡Ahora
vienen por mí!– soltó una noche en la que estábamos en el
patio leyendo poemas de Kavafis
-
¿Qué
dices?
-
Nada.
Es mejor que no lo sepas……
Otra
vez esa temida frasecita que ya me estaba molestando.
-
No
sé lo que está ocurriendo contigo, pero tienes que saber que yo te amo, que he
dado un vuelco total a mi vida para estar contigo y que si algo malo te ocurre
quiero estar a tu lado para que nos pase a los dos….así que mi querida Sonia o
como te llames…ahora mismo me vas a revelar s tus misterios y sea lo que sea lo
vamos afrontar los dos…me oyes…Los dos, tú y yo, hasta el final, hasta la
muerte si fuera necesario….
Hubo
una pausa larga y después de casi un minuto me respondió
-
¿Estás
seguro?
-
Nunca
había estado más seguro de nada. Te amo.
-
¿Nunca?
Yo
asentí con la cabeza. Ella se acercó y me besó con mucha ternura. Guardo el libro de Kavafis en su cartera, se levantó y
empezó a contar su historia…
-
Mi
verdadero nombre es Ana Victoria Quintero Restrepo y nací en……
Prueba de amor
No
se puede huir toda la vida.
En nuestra patria tan azotada por la violencia y
la impunidad generadas por el odio y el
resentimiento es un axioma aquello de que “a todo marrano gordo le llega su
Nochebuena”.
Ana
Victoria estaba segura de la imposibilidad de escapar del radar de sus
enemigos. Yo le sugerí, le rogué que empacáramos maletas y saliéramos del país,
pero ella me decía con convicción que no había ningún lugar en el mundo dónde
pudiera estar a salvo.
Para
no poner en riesgo a Edelmira y sus muchachas Ana Victoria abandonó la casa sin
decir nada a nadie.
Me
puse como loco cuando Rossana me preguntó al llegar:
-
Don
Bernardo…¿Sabe usted algo de Sonia?
-
¿Cómo
así? Anoche estaba muy cansada y se fue a dormir…
-
Pues
no está. Desde esta mañana la echamos de menos. No están sus cosas, su
maleta….No le dijo nada a nadie…Creímos que usted sabía algo….
Como me hubiera gustado que eso fuera así…
-
Estoy
tan desconcertado como ustedes…..
Pancha
salió al patio gritando:
-
¡Muchachas!!
Muchachas! ¡Asómense! Sonia dejó una nota en mi puerta
En
segundos el patio estaba colmado de mujeres expectantes, algunas a medio vestir
y media docena de clientes asombrados. Pancha leyó la nota:
-
Señora
Edelmira, Pancha, queridas amigas…lamento mucho tener que haber salido así, sin
despedirme siquiera. Anoche me avisaron que mi padre enfermó gravemente en otro
país y mi familia reclama mi presencia. Tuve que salir apresuradamente pues ya
me habían comprado los pasajes y por eso no las quise despertar, pero quiero
que sepan que las quiero mucho y las voy a recordar toda mi vida. Con esta nota
dejo el libro que el señor Bernardo me prestó para que se lo devuelvan y
díganle que me perdone porque sin querer subrayé algunos pasajes.
Con inmenso cariño y gratitud….Sonia
Segura…
Nadie
esperaba esa noticia. Todas regresaron lentamente a sus quehaceres….Yo me quedé
en el patio sin saber qué hacer. Pancha se acercó y me entregó el libro.
-
¡Cuídese
señor Bernardo!…..!Nuestra amiga está envenená!
Recibí
el libro mecánicamente, pero la mirada y las palabras de Pancha me indicaron
que había algo más. Efectivamente, al abrir el libro y revisar lo que Ana
Victoria había subrayado encontré que había un mensaje para mí.
Una
emoción pueril me invadió. Parecía un adolescente recibiendo una señal de su
enamorada…
Estaba
claro.
Ahora debía demostrar que mi devoción era más que palabras…
Epílogo
Siempre quise tener una familia en el sentido cabal del
término, pero no me explico por qué secreta razón la vida nunca me permitió
enamorarme de una mujer “normal”, nunca puse mis ojos ni mi corazón en una
mujer corriente, de esas que estudian,
trabajan, de esas que se casan, tienen hijos, aman o desaman pero que no están
tocadas por ese halo de dificultad.
No se pudo.
Ahora heme aquí, en su
cuarto modesto, en su cama, desnudos, sintiéndome pleno, feliz cumpliendo una cita con el amor y….. con la
muerte.....
-
¡Bernardo!
¡Vístete ya! Llegó la hora…
Después
de vestirnos Ana Victoria me besó tiernamente, me entregó una pistola y en
total silencio, ceremonialmente, nos
parapetamos detrás de una mesa mirando a la puerta que de un momento a otro se
iba a abrir……

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